domingo, 7 de octubre de 2007

El segundo círculo

"Así fue como descendí del primer círculo al segundo, que contiene menos espacio, pero mucho más dolor"

Dante Alighieri.
La Divina Comedia, Canto V.





Puede que simplemente fuera una impresión, o quizá conformaba parte de una realidad, MI realidad. Me sentía encerrada y por más que intentaba salir sólo era capaz de agobiarme más y más, la sensación claustrofóbica que recorría mi cuerpo iba tejiendo un traje ceñidísimo que me mortificaba segundo a segundo, recordándome que alguna vez ahí dentro hubo felicidad. Ahora sólo me quedaba luchar, no por vivir sino por sufrir lo menos posible. Eso creía yo, estaba convencida de que mi meta más próxima era morir rápido, pero no, no hasta que te , y me miraste, me tendiste una de tus fuertes manos y me rasgaste las vestiduras, me desnudaste de presiones y agobios y prendiste en mí la flor de la vida y la felicidad, aunque un hilo de ese traje que antes vestí me hilvanaba el corazón, y ahí está.
No puedo amar, no por incapacidad, sino por miedo, que es realmente lo que confiere a la gente ciertas habilidades. Ahora mismo sé que hay alguien en alguna parte del mundo que me está buscando con la misma necesidad con que yo espero dejarme encontrar por él. No tengo ninguna ayuda para saber quién es el adecuado, por eso yerro, me equivoco y me hago creer, sin maldad alguna, que me enamoro, cuando en realidad no es así.
Tú, tú y tus manos me despojásteis de todo lo que creísteis inservible, de todo aquello que no me traería nada bueno pero me dejaste ese hilo, ese recuerdo, que me cerca mis sentimientos y me paraliza.
Antes de que todo esto ocurriera me sentía pletórica, como si mis vivencias nunca fueran a tener límites, y ahora me siento cautiva a la par que envejecida, que no sé si madura, como si por fin hubiera recibido ese golpecito que me ha aportado el ser consciente de mis actos, y con ello haber perdido una parte de mi inocencia.
¿Qué hubiera sido de mí sino te hubieras preocupado? ¿Qué me habría pasado si nadie hubiese reparado en mi ahogamiento?
No lo sé, y tampoco lo quiero pensar.

Tú, sonrisa permanente, mente abierta, pensamiento puro, alegría cotidiana, tú, que no eres más que el recuerdo de una persona que un día soñé has hecho de mí lo que has querido y podido, y conseguiste crear un ente imperfecto, consciente -cada día más- de sus imperfecciones, que no intenta ciegamente mejorar sino conocerse, apoyarse y superarse para gustarte, porque sé que tú, mi sueño más real, mi desconocido conocido, aparecerás y me amarás, del mismo modo en que yo te amaré. Y por eso, de momento, cada vez que siento que mi traje vuelve a mí debo soñarte, debo sentirte y necesitarte, y dejar que tus manos recorran mi cuerpo incesantemente y que sólo me quede ese hilito que, algún día, me cortarás.

1 comentario:

JL dijo...

Jajaja, puedes pasarte cuando quieras, la próxima vez te haré rebaja en la entrada, y si te haces asídua, ya te reservo yo el sitio, xd.

Besitos!.