martes, 4 de marzo de 2008

De princesas de cuento


Entre las brumas puedo divisar mi refugio, aquel que cuando niña no cesaba de soñar para sentirme protegida.
Castillo de sueños, castillo de cuentos. Mil vidas he pasado en él y otras mil me gustaría pasar. Entre sus muros he besado a mi príncipe azul, he llorado por no poder liberarme de algún que otro fiero dragón que me retenía, he cuidado de unos hijos que no tengo y he amado sin límites.
Hoy vuelvo a allí con la firme esperanza de volver a evadirme de realidades que no quiero vivir, o que al menos no quiero tener presentes por un tiempo. Miro a través de sus ventanas en busca del corcel negro que mi caballero tiene como modo de transporte.
No soy una princesa al uso, por no ser, no soy ni princesa, pero sí ejerzo de ello. Mis ropas no son vestidos envolantados sino un corsé ajustado y negro como la noche que se cierne sobre mí y una falda también de color azabache cuyo largo cubre hasta mis tobillos, tampoco tengo un hada madrina que me guarde y cuide habiendo sido ésta sustituida por una luna en cuarto menguante que se refleja en el lago que hay allí a lo lejos.
En medio del bosque se oye galopar a un caballo, es él.
Ángel de mis noches, siempre vestido de un luto que no implica tristeza sino elegancia, Caballero de una orden aún por crear, Guardián de mis desvelos cuando a mi lado no resiste ni el cansancio ni el llanto. Él, cuyo único fin es cuidarme, cuya única ansia es verme feliz vuelve hoy a mi lado para quedarse, para restar días y sumar noches, para amarnos sin medida hasta que ambos cesemos en el intento de seguir en este mundo.
Entra en la estancia desplegando su encanto y su coraje, me abraza y corremos a inmiscuirnos en el cuerpo del otro como si sólo nos quedaran unos minutos de vida y quisiéramos ser eternos devorándonos mutuamente para con ello conseguir la inmortalidad. Susurra palabras que no descifro pero que sí comprendo y con ello nos adentramos en una danza pasional que acaba en respiraciones agitadas y caricias que lo dicen todo. Tras ello, ambos caemos en las garras de un sueño que nos mece con cariño durante una noche más. A la mañana siguiente, cuando despierto, él no está. Ha vuelto a dejarme, vuelvo a necesitarle, y sólo me puedo conformar con esperar a la noche, mirar por la ventana e intentar descubrir otra vez un galope que me relate historias de un caballero que venía a mí sólo para hacerme olvidar todo aquello que el día a día se empeña en hacerme recordar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Quién dijo, que no eran hermosas las noches? si en ellas nos acompañan los mejores sueños que puede tener un alma, si en ellas nos convertimos en aquello que soñamos, ojala nunca pierdas la capacidad de dar vida a tus sueños en ellas.
Un beso.

Anónimo dijo...

Bonita imagen y bonito texto, aunque suene ya a que lo digo por inercia es en serio xD

kisses, cervantes :P jeje

Anónimo dijo...

QUE CASTILLO!!
mas impactante!!

me gusta lo tendrás:.

Besazules

El Ángel del Dulce Dolor dijo...

Donde está la noche están la magia, el misticismo y los sueños. Y a veces magia, misticismo y sueños se funden con la realidad, llenando nuestras almas de sentimientos. La noche es hermosa.

Besos.