jueves, 17 de abril de 2008

La luz del norte

Y miro atrás, y creo hallar un leve resplandor,
yo sé que allí, en esa luz, está mi corazón,
me está marcando el camino,
de allí me trajo el destino.

¡Qué lejos está la luz del norte!
¡Qué lejos está mi ciudad!
¡Qué lejos han quedado ya mis sueños!
¡Qué duro es mirar atrás!

Llorar sin una lágrima derramar.


Víctor García, WarCry

1 comentario:

Anónimo dijo...

ADMÍTELOS A CONTEMPLAR LA LUZ DE TU ROSTRO.
(Versión surrealistamente afterpunk de “Crimen y Castigo”)


Érase una vez un vizconde bizco que escribía testamentos, de forma gratuita, por las mañanas y por las tardes se dedicaba al alquiler, modestamente gratificado, de sacacorchos para mudos con problemas de sordera.
El negocio no funcionaba mal, a pesar de las crisis, y eso le permitía, en los meses más calurosos del verano, disfrazarse de nudista en las mejores playas del sur.
Era una de esas tardes lluviosas de primavera, de las que tanto disfrutaba por que le invitaban al recuerdo del verano venidero, cuando casi por azar descubrió que en el balcón de la casa de enfrente un enano parlanchín lucía, gallardo, el preludio rotundo de una perturbada erección.
Contemplole el caballero de la bizcosa mirada con cierto desagrado, algo que notó el enano de modo inmediato y, mientras se introducía en un barreño lleno de hielo, gritó desde su balcón: “Un día más me quedaré sentado aquí, en la penumbra de un jardín tan extraño. Cae la tarde y me olvidé otra vez, de tomar una determinación”.
Pensó el vizconde en quienes podrían ser sus dos padrinos, pues era inevitable que debía obtener una satisfacción por la afrenta recibida.
Fue así como, llegado el momento, un lejano pariente, mitad marqués, mitad duque, se encargó de pagar las honras fúnebres dado que el negocio antes citado era rentable a base de sisar cantidades al fisco, algo, según parece, muy común entre los bizcos.
De la naturaleza del vizconde todo queda dicho ya, pero el enigma de esta historia se percibe gigantesco a orillas del enano parlanchín que, según cuentan las efímeras azafatas del vuelo 231268 de American Airlines, fue hallado en estado de semiinconsciencia momentánea producto de una dispersión sanguínea voluntariamente aceptada.
Tomó pan, y el color de sus retinas alcanzó la claridad de un chorro helado de líquido segregado por las glándulas bulbouretales.
Descanse en paz el enano.