Painted in black

Hoy me he sentado cara al mar, tal y como hacía aquellas tardes en las que necesitaba sentirme libre. Es curioso cómo esa inmensa masa de agua me transmite tal sensación, tan apaciguante. "Oh, darling, please don´t hurt me this way" aún la oigo retumbar en mi mente. Suena tan dulce...
Estoy sola y sólo el viento mece mi pelo al son y ritmo que mis pensamientos van encontrando para hacerme subir y bajar como si de una montaña rusa se tratase.
Ya no te quiero más a mi lado, tanta intranquilidad, esa maldita incerteza que tengo cuando hablamos, tus risas despiadadas, tus críticas destructivas, tus malditas llamadas cuando ya no quiero volver a escucharte, olvídame. Te lo estoy pidiendo de la manera más clara y noble que puedo y sé, diciéndotelo a la cara, como siempre he hecho, como siempre hago.
No me gusta tenter que justificarme a cada segundo, igual que a tí tampoco creo que te hiciera mucha gracia pensar que cada palabra que dices se está poniendo en tela de juicio sin mayor motivo que la naturaleza insegura de la persona que tienes en frente. Yo no tengo la culpa de que seas así, es más, creo que eres así porque quieres, igual que el resto. No me estoy erigiendo como modelo de certeza y seguridad personal, pero tengo claro que soy mucho más noble de lo que tú eres, más paciente y consecuentemente más tranquila y segura, lo cual no es moco de pavo. Tienes esa triste manía de tener que esconder tu personalidad más de lo que el resto de la gente hace, traspasando el nivel de hipocresía tan típico y común entre los humanos para llegar a resultar patético.
Te pinto de negro, te tiño de oscuridad y vacío, ese del que tanto te quejas que los demás tienen y que tú no ves que te estás creando. Las ciudades, las personas, todas carecemos de la fórmula de la felicidad y de la plenitud, pero al menos, existe una minoría que intenta no juzgar mayoritariamente puesto que el resto se encarga de hacerlo con nosotros. Suena triste pero es verdad.
Hablas, intentando dar la sensación de que sientas cátedra cada vez que lo haces, intentando poner en claro que te apena la sociedad que te rodea cuando en realidad eres tú el que te apenas a tí mismo. Asúmelo. Yo lo hice en su momento y sé que soy tan libre como yo me dejo serlo, pero, al igual que tú y el resto, tiendo a culpar a los demás de mi falta de libertad. Asumí del mismo modo que siguiendo ese patrón antes descrito yo estoy tan triste como yo quiero estarlo, aunque no lo parezca y tan descontenta con el mundo como yo misma me lo pinto. Es algo psicosomático, poniendo un ejemplo más tangible, te diré que es como si yo me levanto un día y pienso que me estoy muriendo, al final, si ese pensamiento hago que perdure, se adueñará de todas mis conductas y moriré porque he querido morir.
De momento tengo el valor suficiente para decirte que te he expulsado de mi palabra, de mi corazón y de mi mente, lo cual, haciendo un guiño a mis escasos conocimientos de la cultura arábiga, sería lo mismo que decir que te rechazo como parte de mi propio mundo, y es que, cuando un árabe saluda a otro y le dice aquello de: As-salaam-alaykum (que Dios te bendiga, también traducido como ¡Hola!), se da un leve golpecito en el pecho, como signo de que te acepta de corazón, otro en los labios, indicador de que te acepta de palabra y un último toque en la frente, para que sepas que te acepta de pensamiento. Yo ahora sólo te diré: Wa-alaykum-salaam, es decir, un simple : Adiós.
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